¿A qué huele el amor?

Las personas no somos conscientes del peso que tiene el olor en la química sexual. Es más, en nuestras citas no dudamos en usar los más sofisticados perfumes sin saber que el olor de la piel, el cabello y de nuestro cuerpo en general es el más poderoso de los atractivos.

Somos esas criaturas que piensan que el olor no forma parte de la atracción sexual o la vida social. Sin embargo, nuestro cerebro es altamente receptivo a esas señales, aún más, los olores son además esas puertas directas a nuestro mundo emocional, al deseo y la atracción.

Así, el zoólogo Michael Stoddart, autor de El mono perfumado, biología y cultura de los olores, nos indica que los humanos poseen concentraciones más densas de glándulas odoríferas en la piel que casi cualquier otro mamífero. Además, como mamíferos que somos, también enviamos señales químicas que hacen que otras personas se fijen en nosotros y puedan sentirse atraídas sexualmente.

¿Cómo funcionan las feromonas?

Las feromonas son sustancias químicas secretadas por glándulas corporales específicas –localizadas en las axilas-, por lo que tienden a aparecer en fluidos como la saliva, el sudor.

En este sentido, transmiten señales volátiles producidas de forma líquida, que luego se dispersan por el aire, llegando a alcanzar largas distancias.

Ahora bien, el proceso bioquímico mediante el cual se establece la compatibilidad consiste en que el olfato detecta las moléculas esparcidas en el aire, donde sensores nerviosos en el epitelio olfativo llevan la información al cerebro.

Por tanto, nunca hay que pasar por alto las señales que nuestro sentido del olfato nos envía. Hay que estar atentos a la química del amor.

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